La curiosidad no espera a que lleguemos al trabajo.
Una mirada a lo que aprendemos cuando nos damos permiso para probar.
Muchas preguntas aparecen en momentos cotidianos. Algo que no funciona como esperábamos, una observación de un hijo o un objeto que podría usarse de otra manera. Podemos dejarlas pasar o dedicarles un poco de atención.
Un espacio para no saber todavía
Experimentar en familia ofrece una oportunidad para compartir esa incertidumbre. Probar algo juntos permite conversar sobre lo que imaginábamos, lo que observamos y lo que queremos intentar después.
La experiencia no necesita terminar en un invento extraordinario para tener valor. Puede dejar una mejor pregunta o una forma distinta de mirar lo que parecía evidente.
Llevar esa actitud a otros espacios
En el aula y en una organización también necesitamos tiempo para observar y probar. El contexto cambia, pero la disposición a escuchar otras perspectivas y revisar una primera idea sigue siendo importante.
La curiosidad se practica prestando atención.
Quiero que este laboratorio reúna aprendizajes de esos distintos lugares, con sus diferencias y sus conexiones.