Un profesor con IA sigue necesitando criterio.
Explorar posibilidades de enseñanza también exige elegir, adaptar y revisar.
La posibilidad de conversar con una herramienta de IA puede abrir un espacio interesante para imaginar clases. Pero disponer de más propuestas no responde por sí solo a la pregunta importante: ¿cuál tiene sentido para estos estudiantes y este aprendizaje?
Empezar por la intención pedagógica
Antes de pedir una actividad, conviene explicar qué queremos que los estudiantes comprendan o sean capaces de hacer. También qué contexto, tiempo y recursos tenemos. Así podemos valorar las respuestas frente a una intención concreta.
Mirar la respuesta como un material de trabajo
Una propuesta generada necesita revisión. ¿Es correcta? ¿Corresponde al nivel del grupo? ¿Permite participar? ¿Cómo sabremos si se produjo el aprendizaje que buscamos?
La revisión de información y referencias requiere especial atención. La redacción fluida de una respuesta no demuestra que sus afirmaciones sean ciertas.
Conservar la decisión
En nuestra experiencia con un GPT para apoyar clases más creativas, la pregunta por el papel del profesor sigue siendo central. Imaginar alternativas es una parte del proceso; elegirlas, ajustarlas y observar lo que sucede en el aula requiere criterio docente.
La herramienta puede ampliar la conversación. La responsabilidad pedagógica sigue siendo humana.