Antes de buscar una solución, cambiemos la pregunta.
Una pausa útil cuando un equipo ya está lleno de respuestas.
Una conversación de innovación puede empezar demasiado rápido: alguien presenta una dificultad y enseguida aparecen soluciones. La energía es valiosa, pero conviene detenerse un momento a mirar qué estamos tratando de resolver.
La primera formulación no es definitiva
“Necesitamos una aplicación” describe una solución posible. “Necesitamos entender por qué las personas abandonan este proceso” abre un espacio de exploración. Las dos frases invitan a trabajos diferentes.
Reformular no garantiza una buena respuesta. Sí permite hacer visibles los supuestos que una pregunta lleva dentro.
Una práctica para la próxima reunión
Antes de elegir ideas, escribe el reto de tres maneras. Una desde la organización, otra desde las personas que viven la situación y otra desde lo que todavía no sabes.
- ¿Qué queremos hacer posible?
- ¿Para quién sería importante?
- ¿Qué tendríamos que entender antes de proponer una solución?
Compara las formulaciones con el equipo. Observa cuál permite investigar y actuar sin dar por cierta una respuesta que todavía no se ha probado.
A veces el avance empieza cuando cambiamos la pregunta que estamos intentando responder.